
Al cruzar el umbral, te envuelve una cascada de glicinias suspendidas sobre la estancia. Sus flores violetas descienden desde el techo como delicadas cortinas naturales, transformando la habitación en un pequeño jardín bajo las estrellas.
La luz de las lámparas se mezcla con el resplandor de la ciudad que se extiende más allá del balcón, tiñendo la estancia de suaves tonos púrpura y dorados. El aire está impregnado de un delicado perfume floral que invita a bajar el ritmo y dejar atrás las preocupaciones del camino.
Serena, elegante y acogedora, la Habitación Glicinia parece haber sido creada para quienes buscan una noche de tranquilidad y belleza.