9. junio 2026
Nuestro pequeño oasis verde sobre los tejados
Cuando la gente piensa en un huerto, suele imaginar una finca, un jardín o un terreno en el campo. Sin embargo, nuestro pequeño huerto crece varios pisos por encima de la ciudad, en las terrazas de nuestro ático.

Tenemos la suerte de contar con dos espacios exteriores muy diferentes. Una de las terrazas recibe el sol de la mañana y está bastante resguardada del viento, mientras que la otra, orientada hacia el río, disfruta del sol del mediodía y de la tarde, aunque está mucho más expuesta al aire. Entre ambas hemos ido creando, poco a poco y sin prisas, nuestro pequeño oasis verde.
Lo bonito de un huerto urbano es que nunca deja de cambiar. Cada semana aparecen nuevas hojas, flores inesperadas o pequeños frutos que parecen surgir de la nada. Salir a regar por la mañana o dar un paseo entre las macetas se ha convertido en una pequeña rutina que disfrutamos muchísimo.

Este año las tomateras están siendo unas de las grandes protagonistas. Todavía quedan semanas para que los tomates maduren por completo, pero ya podemos ver numerosos frutos verdes creciendo entre las plantas. Cada día parecen un poco más grandes y es imposible no ilusionarse pensando en las futuras cosechas.
Junto a ellas también cultivamos zanahorias, rábanos, espinacas, pak choi, coles, calabacines y berenjenas. Algunas avanzan más deprisa que otras, pero todas tienen su momento y su ritmo particular.

El huerto también nos regala sabores dulces. Tenemos fresas y fresones que siempre despiertan mucha expectación, además de pequeños naranjos y limoneros que todavía están creciendo, pero que ya forman parte de este pequeño ecosistema que hemos creado en las terrazas.
Y si hay algo que llena de alegría el espacio son los girasoles. Este año hemos plantado seis variedades diferentes. Ver cómo se elevan buscando la luz del sol y cómo cada una desarrolla formas y colores distintos es un espectáculo que nunca nos cansa. Aportan una energía especial y convierten el huerto en un lugar todavía más vivo.

Entre las macetas también crecen nuestras plantas aromáticas. Eneldo, albahaca, perejil, orégano, menta y otras variedades llenan el aire de fragancias que cambian según la hora del día y la intensidad del sol. Son plantas sencillas, pero capaces de transformar por completo una terraza con solo rozarlas al pasar.
Lo que más me gusta de este huerto no es únicamente la cosecha. Es la sensación de calma que transmite. Observar cómo evolucionan las plantas, descubrir una nueva flor o simplemente sentarme unos minutos entre el verde me ayuda a desconectar del ritmo diario.

Como artista, encuentro mucha inspiración en estos pequeños espacios llenos de vida. Los colores de las flores, las formas de las hojas, los insectos que nos visitan y los cambios constantes de la naturaleza alimentan mi imaginación de una manera muy especial.
Al final, nuestro huerto urbano es mucho más que un lugar donde cultivar alimentos. Es un rincón para aprender, observar, relajarse y recordar que incluso en medio de la ciudad siempre es posible dejar crecer un pequeño pedazo de naturaleza.