ODA A HARU
El jardín sagrado donde el color es vida.

Jardines sobre la piel

Superficie viva
Érase una vez un jardín muy especial, donde las flores no crecían en la tierra, sino en el aire.
Estas flores eran bonitas, perfectas, pero estaban quietas, dormidas.
En el centro del jardín había unos ojos que lo observaban todo.
Un día, esos ojos empezaron a llorar. Pero no lloraban lágrimas normales. Eran lágrimas de miel. Dulces, brillantes y llenas de vida.
La miel cayó despacito, resbalando entre los pétalos, hasta llegar al fondo.
Y entonces ocurrió algo mágico.
Entre las flores empezaron a asomar pequeñas abejas. Se acercaron a la miel, la probaron, y empezaron a volar de flor en flor.
Entonces estas comenzaron a despertar. Al principio se movían poquito, después vibraban más y al final el jardín dejó de estar en silencio.
Aquellas gotas de miel lo cambiaron todo, porque no eran solo lágrimas, eran la dulzura que el jardín necesitaba para empezar a vivir.

Lo que nace abajo...


...florece arriba.
El jardín ya no solo se mira.
También puede tocarse.
Línea, repetición y color: así crece el jardín.

El jardín no solo se queda dentro de este espacio.
Continúa en otros lugares, a otros ritmos, siguiendo su propio crecimiento.
El jardín de Haru
Inauguración:
01/05/26, 19.00 h, Pastelería París Lalín
Las flores siempre han formado parte de mi vida. Desde aquellas de la casa de la aldea, de la bisabuela, de la abuela, hasta aquellas que hoy mi madre cuida con dedicación.
Con el tiempo, han ido apareciendo en mi trabajo, primero sin darme cuenta y ahora de forma constante.
En Oda a Haru —primavera en japonés—, esa herencia se transforma en línea, repetición y color, dando lugar a una serie de obras donde el jardín crece a través del trazo a rotulador.
Memorias de la exposición
Fragmentos de la inauguración y las personas que recorrieron el jardín de Haru.





























