
La gran rueda y buena parte del mecanismo original todavía se conservan en el interior. Los enormes engranajes de madera, marcados por años de uso, ocupan una parte de la estancia y recuerdan que este lugar fue construido mucho antes de convertirse en alojamiento.
De vez en cuando, la madera deja escapar algún crujido y el mecanismo parece cobrar vida durante unos instantes. Aunque el molino ya no trabaja como antes, todavía conserva algo de su antiguo ritmo.