
Sobre el viejo escritorio se acumulan libros, cuadernos, pequeños recipientes y anotaciones conservadas durante años. Entre sus páginas aparecen dibujos de plantas, bocetos del propio molino y apuntes sobre las tareas que alguna vez se realizaban aquí.
Muchas de las notas pertenecen a distintas manos y épocas. Juntas forman una pequeña historia desordenada del Molino Harinal y de las personas que pasaron por él mucho antes de que sus puertas comenzaran a recibir viajeros.