
—La Campanilla lleva aquí muchos años. Nunca ha sido una posada grande, ni falta que le hace. Aquí vienen viajeros de paso, gente que necesita descansar… y alguno que termina quedándose más tiempo del que pensaba.
—Siempre he querido que fuese un lugar sencillo y tranquilo. Una cama caliente, algo que comer y alguien que te reciba cuando llegas cansado del camino. A veces no hace falta mucho más.