
La chimenea mantiene el molino cálido incluso cuando comienza a caer la noche. El fuego ilumina la piedra y la madera con una luz suave, mientras el sillón y la pequeña mesa forman uno de los rincones más acogedores de la estancia.
Entre el crepitar de la leña y el sonido apagado del molino, todo parece quedar un poco más lejos. Es uno de esos lugares en los que resulta fácil perder la noción del tiempo.